A veces, de forma un tanto inesperada y particular, casi sin querer, experimentas en tus propias carnes lo que has leído o escuchado sobre la gestión de las organizaciones ratificando del todo la teoría. Una de estas experiencias que he sufrido recientemente (sí, creo que sufrir es la palabra correcta) ha sido la resistencia al cambio tecnológico para dejar de utilizar un método de comunicación un tanto obsoleto, para algunos del todo, como el correo electrónico.
La historia es la siguiente. Yo juego al fútbol todos los martes al mediodía con un grupo de personas que son en su mayoría empleados de empresas relacionadas con la industria de los medios digitales, comunicación audiovisual e Internet. Todos ellos están ampliamente familiarizados con las tecnologías relacionadas con la Web: diseñadores, responsables de sistemas, desarrolladores, algún que otro periodista (2.0) y un servidor. Pues bien, la semana anterior al martes del partido se solía enviar la convocatoria correspondiente a un SPAM de unos 30 correos electrónicos para ver cuántos iban a jugar ese día. Después, cada uno de los jugadores se apuntaba a una lista y reenviaba el mail a todo el SPAM, de tal manera que el último reenvío contenía la lista completa de jugadores. Sin embargo, el lunes previo y el mismo martes del partido se volvía a hacer un recuento de los que estábamos en la lista de nuevo enviando cada uno la confirmación sobre la lista de la semana anterior que, evidentemente, ya no valía para nada (en ocasiones, muchas, se hacía un recuento del recuento una horas antes del partido). A esto hay que añadir comentarios u observaciones sobre diversas cuestiones: existencia o no de balón, coches disponibles para desplazarse al campo, la conveniencia o no de delimitar los fueras de juego, etc. Un infierno de unos 30-40 mails mínimo semanales sobre el tema.
Entonces recordé la aplicación TUSIYU que había sido la ganadora del último iWeekend en Madrid y pensé que podría servir perfectamente para evitarnos estos líos de mails y, además, porque de un vistazo podríamos saber el número de apuntados instantes antes de ir al campo. Es decir, mejora de productividad y máxima eficacia con nula inversión, ni en dinero ni en formación (para colmo la aplicación te permite hacer observaciones, comentarios, etc.). Sin embargo, a pesar de lo conveniente de la aplicación, lo fácil de su uso, su comodidad y ahorro de tiempo, hubo resistencias. No de todos, pero las hubo, e insisto, todo el colectivo es tecnólogo de una u otra rama de actividad. Tanto, que algunos volvieron a enviar el mail de convocatoria tradicional de manera desafiante
, además avisando de que algo similar se había intentado hacer ya antes (hacía unos años) y no había funcionado.
Pues bien, imaginemos ahora que uno es un intramprendedor y quiere presentar a sus jefes una aplicación también destinada a mejorar la comunicación en su organización para ser más Empresa 2.0. Lógicamente, aunque la aplicación sería igualmente eficaz y productiva, sería algo más compleja que TUSIYU y requeriría más inversión, tiempo para la formación y sobre todo la implicación de toda la plantilla. Imaginemos ahora que esta empresa es de 2.000 empleados y pertenece a un sector no tan abierto a las tecnologías como en el caso anterior, supongamos el del turismo…¿se imaginan la resistencia al cambio? yo sí, y pensándolo me siento mejor con el éxito relativo de mi aplicación para quedar a jugar al fútbol.
PD: Esta historia me ha recordado este post con el sugerente título de “Social Media is from Mars, Enterprise 2.0 is from Venus”, los comentarios que le siguen no tienen desperdicio.